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Farid Amed

Farid Amed

Activista Tecnopolítico.

Miembro de la Fundación Casa del Bosque.

Hoy las tecnologías hacen parte de la cotidianidad de cientos de millones de ciudadanos en el mundo. Equívocamente el escenario de reflexión respecto a este suceso social se ha volcado más al análisis de la incidencia del objeto tecnológico en la vida de la humanidad, que a la incidencia de las fuerzas sociales y políticas productoras de la tecnología (las corporaciones transnacionales de las tecnologías y las telecomunicaciones) en la vida de las gentes, de los Estados, de la economía, etc.
Hoy la tecnología es encarnada por un puñado de fuerzas sociales de orden transnacional que poseen mayor poder económico que naciones enteras, fuerzas sociales que han caminado de la mano de intereses geopolíticos de Estados de primer mundo y que hoy poco a poco declaran su autonomía con miras a detentar el poder, ya no como fuerza de apoyo, sino como vanguardia colonizadora. Hoy la economía, la guerra, el funcionamiento del Estado y de otras transnacionales de renglones diversos, entre otros, depende de este nuevo tejido corporativo (Internet, desarrolladoras de software, hardware, etc.)

 

Hablar de ETB es hablar de la historia de Bogotá, de Colombia y el continente americano. ETB nace a las 3 de la tarde del 28 de Agosto de 1884 bajo el gobierno del cartagenero Rafaél Nuñez, su nombre fue el de Compañía Colombiana de Teléfonos. Ubicada en la Calle de la Concepción (Calle 13 con Carrera 7ª ) de la ciudad de Bogotá, inicia labores con tres empleados, dos conmutadores y 200 líneas telefónicas inicialmente de uso estatal.

Dicen que son 2.7 TB (Terabyte) de información correspondientes a más de 40 años de gestión de la firma de abogados panameña Mossack Fonseca en la creación de empresas de papel para el lavado de activos y la evasión de impuestos. Una cantidad de información que superaría por 1000% y más a toda la data filtrada por la ciudadanía durante los últimos 10 años a través de las organizaciones Wikileaks y el caso Snowden.

La tecnología ha sido a la contemporaneidad, lo que el fuego a la civilización; inseparables una de otra, fundamentales para la constitución de su principio de realidad. Sin embargo, si bien la tecnología produce efectos sociales indiscutibles y de calados profundos, son contados los procesos de reflexión que establecen miradas orientadas a identificar las relaciones de poder y políticas que se gestan en el seno de las fuerzas que la producen, la distribuyen y/o las legitiman. Parte del análisis sobre la tecnología se ha orientado en estudiar sus procedimientos de saber, funcionalidades e implementaciones en los ámbitos sociales requeridos (epistemología, ingenierías, ciencias y estudios de la técnica), sus procesos materiales (economía, mercado y consumo) y por último, sus consecuencias sociales a regular (futurología, bioética, derecho en tecnologías), sin embargo -reitero- poco se habla sobre sus relaciones de poder, sobre sus propias relaciones económicas y políticas, ahí, supongo un aspecto ausente en las reflexiones del activismo tecnológico del siglo XXI.

El valor histórico del software libre, radica fundamentalmente en haber consolidado, en el transcurso de sus 30 años de vida, un discurso crítico en el seno de la producción de la tecnología de software del planeta. Situó lo inadmisible para los círculos positivistas-industriales emergentes del software: colocó el tema de la ética-política como centro de gravedad de la producción de la tecnología, avanzó en la construcción de un cuerpo ideológico de movimiento que pugna por el derecho al acceso, uso, modificación y distribución libre de la tecnología como derecho inalienable, como derecho humano. De sus lógicas surgieron nuevas formas de organización en red, el valor de lo comunitario como base de impulso y dinamismo para la construcción de redes planetarias de apoyo, formación de activistas y defensor@s de los derechos tecnológicos. La preocupación que anima al software libre no es infundada:  vivimos en un mundo cruzado por la tecnología, o aprendemos a entenderlas o los pocos que lo hagan controlarán parte importante de nuestra vida; el software libre abrió las puertas para el activismo en el mundo de la tecnología, ahí su otro valor histórico. 

Las relaciones sociales se hacen políticas cuando un grupo humano identifica sus intereses y encuentra en ellos la base fundamental de su existencia social. La ideología, en este contexto, se entiende como un sistema de ideas articuladas y coherentes, cuya orientación radica principalmente, en traducir conceptualmente la justificación de los intereses y prácticas sociales de dichos grupos humanos, en virtud, a un conjunto de relaciones sociales adversas o antagónicas. Así mismo, la organización de estos grupos concluye aquí como una puesta en marcha de estrategias y tácticas orientadas a la autoconservación, articulación y fortalecimiento de la vigencia de dichos grupos humanos en el ámbito de una sociedad. Por último, las relaciones sociales se fundamentan en escenarios sociales de experimentación, es decir, en escenarios concretos, ya sean territorios físicos o en nuestro caso, territorios virtuales o híbridos. Resumiendo, la política, es un sistema de prácticas e ideas orientadas a desatar dinámicas sociales para la vigencia de un grupo humano que se organiza, pues ha entendido cuáles son sus intereses.

Vivimos en el cuarto momento histórico de disputa mundial por los medios de comunicación producidos en nuestra era tecnocientífica. La historia moderna y contemporánea de la humanidad ha pasado por cuatro momentos de lucha comunicacional motivados por dos tendencias tecnopolíticas, a saber: 1. La tendencia de apropiación privada y oligopólica de los bienes tecnológicos y 2. La tendencia de empoderamiento ciudadano de las tecnologías de comunicación. Señalo aquí cuatro momentos históricos de disputa: imprenta, radio, televisión e internet. Cuatro momentos históricos y cuatro luchas, tres de ellas con antecedentes históricos, la última, en actual disputa: internet.

Las ideas aún cuando sean pésimas pueden perdurar durante muchos años. Es más, parece ser que las malas ideas atraen a cierto número considerable de personas. Si no fuera así, el neoliberalismo no hubiera sido más sino ese pequeño grupúsculo de economistas que siempre fue, o el fascismo no hubiera alcanzado más que la anuencia de los dos o tres paroxístas que lo crearon, o el software privativo no hubiera sido más sino una ocurrencia vulgar salida de la cabeza de un puñado de jóvenes que debieron ser especuladores bursátiles y no innovadores tecnológicos.

Pensar el mundo en el que habitamos, sin abordarle críticamente desde la tecnología, es tal vez, uno de los errores heredados de mayor trascendencia a la hora de pensar la libertad y el futuro desde los territorios del sur

Hace unos días vi con cierto asombro una convocatoria de comunicación lanzada desde el twitter del portal informativo de la silla vacía. En ella hablaban de la existencia de “pesos pesados” del Software Libre en Colombia. Obviamente no dudé en consultar y bueno, seguí con mi asombro, llegué a esto: Click 1 Entiendo que los periodistas a veces se vean obligados a construir títulos de sus artículos usando nombres rimbombantes que provoquen impacto publicitario. Consultando después con una gran amiga, entendí que, efectivamente esta práctica es común, pues me señaló la existencia de este otro articulo: Click 2 Pensé detenidamente y llegué a considerar que tal vez estos títulos puedan ser interesantes en el ámbito del arte, pero...de la tecnopolítica? Del software libre? De la cultura libre? De la política participativa de la actual Administración de Bogotá? Obviamente hasta allá no llegó mi voluntad...

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