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Lunes, 05 Agosto 2013 03:12

Tecnopolítica, ¿para qué? líneas de fuga desde la Fundación Casa del Bosque

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Pensar el mundo en el que habitamos, sin abordarle críticamente desde la tecnología, es tal vez, uno de los errores heredados de mayor trascendencia a la hora de pensar la libertad y el futuro desde los territorios del sur

Pensar el sur y la tecnología, siempre abre un panorama signado por grandes contradicciones: el sur como escenario de extracción de materias primas, el sur como el centro desde el cual se canalizan parte importante de los medios materiales con los cuales se nutren los poderes que hoy gobiernan asimétricamente el planeta. 
 
El lastre histórico y luego geopolítico nos condicionó en un momento: somos territorios que llegamos de brazos cruzados y divididos a la construcción del poder nación impulsado por la tenencia de los bienes sociales tecnológicos, poder que hoy nos reserva un papel pusilánime. Nuestro destino supuesto: ser territorios receptores de transferencia tecnológica; destino pasivo que plantea el consumo de los bienes tecnológicos como camino a la "superación parcial de nuestra situación de países de tercer mundo", en el que "el hacer tecnológico" es "el comprar tecnología", y nada más.
 
Acá fue hierro, aluminio, cobre, estaño, cobalto, silicio... allá fueron automóviles, aviones, industria armamentista, telecomunicaciones.
 
Poder y contrapoder, contrapoder para poder ser.
 
Esta situación, a su vez, ha construido una forma de pensar el poder y el contrapoder. A saber, el poder como escenario hostil permanente, extractor e impositivo, por otra parte el contrapoder, como línea de fuga que atraviesa nuestra historia, propositiva, de encuentro, de dignidad.
 
¿Pensar la política y la tecnología, para qué? para fundir ambos procesos en un modelo epistemológico-político que brinde bases reflexivas para la construcción de las nuevas ciudadanías de nuestro continente.
 
¿Pensar la tecno-política, para qué? para adicionar un piñón que falta en la maquinaria conceptual que apuesta por la autonomía de nuestros pueblos.
 
¿Hacer contrapoder tecnopolítico, para qué? para aportar reflexión que atisbe la existencia de un nuevo actor del statu quo: la tecnología privativa, sus corporaciones y sus relaciones de poder.
 
¿Hacer tecnopolítica, por qué? para identificar un centro de poder que durante décadas ha permanecido invisible: las relaciones sociales tecnológicas-corporativas que aportan dinamismo a las formas sociales asimétricas imperantes.
 
El mundo de la tecnología es tu problema, es mi problema...
 
Tecnopolítica, reflexión para una acción en el contexto del sur.
 
Pensar la tecnopolítica como "capacidad de apropiación de herramientas para la acción colectiva” supone un uso reencauchado del significado de hacktivismo, ahora usado para decirnos qué es tecnopolítica, pues el concepto del primero según wikipedia es sencillamente el mismo que hoy se le otorga al segundo. Ver.
 
Por otra parte, dicha forma de conceptuar la tecnopolítica también vacía el centro de gravedad de la oportunidad conceptual y de acción que se nos presenta, a saber, la articulación entre sociología crítica de la tecnología, análisis al neocolonialismo tecnológico y crítica a la filosofía política de la tecnología corporativa como fuentes para la identificación de las relaciones objetivas del poder sociotecnológico-económico en las que descansan los poderes simbólico mediático, corporativo privativo, infraestructural de comunicaciones, jurídico privativo y financiero especulativo para finalmente articular al encuentro del software libre, el hardware libre y la cultura copyleft como experiencias fundamentales de alternatividad en el contexto de la rica tradición crítica del continente latinoamericano.
 
Estamos ad portas de construir el andamiaje "filosófico-político-tecno-cultural": tecnopolítico, que habitará las futuras acciones de las nuevas ciudadanías del continente. Pensar la tecnopolítica como activismo de teclado en donde el socialmedia, la web 2.0 y el marketing político digital sirvan como "palancas" para "desatar" procesos sociales es tan idealista como suponer que la maquina de vapor fue la que desató la revolución industrial y no las relaciones sociales las que le dieron sentido a la articulación y construcción de los sucesos políticos de una época. Hay procesos evidentes en donde las tecnologías han apoyado acciones sociales, sin embargo dichos procesos no han sido tecnopolíticos, han sido  procesos de acompañamiento hacktivista.
 
Confundir tecnopolítica con hacktivismo, sería sin duda un error estratégico, la tecnopolítica como la matriz socio-crítica de la tecnología y sus relaciones sociales de poder y pugna, el hacktivismo como las tácticas comunicativas, acciones y medios sociales tecnológicos para construir dignidad. La matriz y la táctica, dos temas diferentes pero articulados
 
Una nueva historia del poder nación tecnopolítico desde el sur es posible. 
Read 14098 times Last modified on Miércoles, 16 Abril 2014 09:51
Farid Amed

Activista Tecnopolítico.

Miembro de la Fundación Casa del Bosque.

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