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Lunes, 27 Octubre 2014 16:39

NEOLIBERALISMO EN COLOMBIA, LA VÍA HACIA LA DEPENDENCIA TECNOLÓGICA

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Por: Aurelio Suárez Montoya.
 
Colaboración de: Juan Pablo Puentes
 
Para la NetConf Latinoamérica 2014 
 
Conferencia Magistral “TLC y Soberanía tecnológica en Colombia” 
 
“La soberanía es una de las piedras angulares para garantizar la seguridad del país y asegura que la India como una nación pueda hacer frente a las presiones de otras naciones. La soberanía es fundamental para garantizar nuestra independencia económica.”[1]
 
Dr. Jaijit Bhattacharya
 
La anterior frase es de Jaijit Bhattacharya, PhD, presidente del Centro de Investigación Política de la Economía Digital y director de asuntos corporativos de Hewlett Packard India. Este experto en tecnología y gobierno (con varios libros al respecto y experiencia en el sector corporativo, gubernamental y académico), fue uno de los primeros en utilizar el término “soberanía tecnológica”, y ha venido subrayando durante varios años la importancia de este para el desarrollo de un país.
 
En el mundo actual, la tecnología es un asunto central y transversal en la sociedad, desde el Estado hasta la economía. En infraestructura crítica como los sistemas de telecomunicaciones, el sistema de energía o en la propia defensa nacional, la tecnología juega un papel central. Y en el mundo económico no podemos olvidar que de las 5 compañías más grandes del mundo por valor de mercado ¡3 son empresas de tecnología! Apple es la primera (483 mil millones de dólares), Google la tercera (382 mil millones de dólares) y Microsoft la cuarta (344 mil millones de dólares).
 
Así pues, cuando se habla de tecnología no estamos hablando de un asunto menor y cuando se habla de soberanía tecnológica estamos hablando es de un asunto vital para el Estado y para todos nosotros como sociedad. Como ya se señaló, gran parte de la infraestructura crítica para un país está controlada o tiene una fuente componente tecnológico. Sin las herramientas tecnológicas un Estado moderno simplemente no podría funcionar. De ahí la importancia de tener el control de la tecnología que usamos, y muy en especial el gobierno, para el cual este es un asunto de seguridad nacional.
 
EL CASO COLOMBIANO
 
La soberanía tecnológica, así como la alimentaria, es algo de lo cual sin duda carecemos. Hace cerca de 25 años, el desarrollo científico y tecnológico del país no era algo de lo cual nos pudiéramos sentir demasiado orgullosos. No obstante, en el campo de las telecomunicaciones habíamos logrado avances que a pesar de las muchas observaciones que se le puedan hacer, constituyeron avances para el país y lograron que por ejemplo nuestra antigua empresa pública de telecomunicaciones se expandiera por la gran mayoría de municipios colombianos creando una extensa red pública y ayudando a la interconexión del país.
 
Sin embargo, con el advenimiento de las políticas neoliberales en Colombia, lo que se ha visto en estas más de 2 décadas, ha sido el afianzamiento de un modelo que nos está condenando a la dependencia tecnológica.
 
La Constitución Política de 1991 y las consecuentes leyes y demás normas expedidas por los diferentes gobiernos, abrieron el camino para que el país viera como se ha venido dilapidando el patrimonio público colombiano en telecomunicaciones, siendo destacado el caso de Telecom, ahora en manos de la trasnacional Telefónica de España.
 
La Ley 72 de 1989 suprimió el control de Telecom sobre servicios como informática, telemática, valor agregado, adscribiéndolo al Ministerio de Comunicaciones. Además, definió las telecomunicaciones como un servicio público y permitió su prestación por particulares a través del sistema de concesión, mediante contrato o licencias y el pago de derechos, tasas o tarifa.
 
Estos casos ejemplifican como el país ha venido perdiendo sistemáticamente sus activos e infraestructura propia, haciéndonos cada vez más dependientes en telecomunicaciones de empresas privadas extranjeras.
 
DEPENDENCIA TECNOLÓGICA Y EDUCACIÓN
 
El desarrollo de la ciencia y la tecnología tiene como actor central a las universidades, es allí, o con la participación importante de estos entes, donde el conocimiento avanza y se generan los desarrollos que dan lugar a nuevas tecnologías. Un sistema de educación superior débil significa una producción nacional de ciencia y tecnología débil. Es por esto que en la dependencia tecnológica a la que nos han sometido los gobiernos, juega un papel central la política de educación superior.
 
“Mientras tanto en Colombia, la inversión en ciencia y tecnología no alcanza el 1% del PIB, la directora de COLCIENCIAS fue retirada de su cargo por denunciar una posible disminución del presupuesto. Pero además el 90% de grupos de investigación, de un total de 4304 en todo el país, se encuentra en las IES. De estos, solo 658 investigan en ingeniería y cuentan con 1294 investigadores (COLCIENCIAS, 2014). Además, Colombia se encuentra en el puesto 53 de producción de documentos de investigación [3] (encabezado por EEUU, China, Gran Bretaña y Alemania), después de países como Chile, Argentina, Rumania, Nigeria y Túnez”[2]
 
SOFTWARE Y SOBERANÍA TECNOLÓGICA
 
“La preocupación que anima al software libre no es infundada: vivimos en un mundo cruzado por la tecnología, o aprendemos a entenderlas o los pocos que lo hagan controlarán parte importante de nuestra vida”[3]
 
Farid Amed, Fundación Casa del Bosque.
 
En la soberanía tecnológica es fundamental el rol del software. Es este el que maneja los componentes físicos (hardware) y determina que hacen o no pueden hacer. Es por esto que el software libre juega un papel central en garantizar la soberanía tecnológica, ya que es el único que permite estudiar su código fuente (las instrucciones de programación que determina todo el comportamiento y funciones de un programa), modificarlo adaptándolo a las necesidades propias, redistribuirlo y seguirlo mejorándolo paulatinamente. No obstante, el estado colombiano ha demostrado su compromiso con el software privativo y las multinacionales que lo patrocinan.
 
Usar software privativo (lo opuesto a software libre), y peor aún de empresas extranjeras, lo que significa en forma simple es que el Estado podrá usar el software pero sin estar seguro de todas las funcionalidades de este (además de no poderlo modificar), lo que abre la posibilidad a que esos terceros privados extranjeros instalen accesos ocultos remotos en el software o cualquier clase de herramienta que eventualmente puede afectar al Estado o los ciudadanos.
 
Es conocido por ejemplo que sitios web del estado colombiano están elaborados para ser solo totalmente usables con sistemas operativos, navegadores y en general herramientas de software privativo, lo que obliga a los ciudadanos al uso de las mismas, con los consecuentes efectos negativos de su uso, además de los costos que implican las licencias. En la educación así mismo, las herramientas que se enseñan a los alumnos (en los diferentes niveles desde primaria pasando por la técnica hasta educación superior) son por lo general software privativo, creando dependencias, ya que no aprenden a usar un tipo de tecnología en sí (programas de diseño por ejemplo sino un software específico de una empresa). Es de destacar que el Estado ha ayudado a que las iniciativas legislativas que ha habido en favor del software libre no tengan éxito.
 
Esta política de dependencia hacia el software privativo y con él la dependencia tecnológica, se ha consolidado con el Gobierno Santos y sus políticas neoliberales, veamos 2 ejemplos. El Congreso de Colombia promulgó la Ley 1680 de 2013 para garantizar “a las personas ciegas y con baja visión, el acceso a la información, a las comunicaciones, al conocimiento y a las tecnologías de la información y de las comunicaciones”. En desarrollo de esta ley, el Gobierno adquirió una licencia país del software JAWS y MAGic, que permite que durante los próximos 4 años las personas con discapacidad visual pueden usar gratis estos programas que les permiten el uso de computadores. Pues bien, el Estado gastó 6.100 millones de pesos en las licencias de estos 2 software que son privativos, que solo se pueden usar en computadores con Windows y, de acuerdo al sitio web de la empresa que distribuye JAWS en Colombia[4], requieren un computador con 2 GB de memoria RAM. Esto lo que significa es que se gastaron multimillonarios recursos del Estado en un software que solo se podrá usar por 4 años, que obliga a las personas con discapacidad visual a usar Windows y que además les obliga a tener un computador de tecnología reciente (algo que no todos poseen y más teniendo en cuenta las limitantes económicas que sufre en Colombia esta población). La alternativa era haber usado software de este tipo ya existente y con licencia libre, como ORCA[5], adaptándolo a las necesidades de nuestra población con discapacidad visual. Esto no solo hubiera significado ventajas para la población a beneficiar sino menores costos (no se pagaría licencias sino el trabajo de desarrolladores colombianos) y desarrollos tecnológicos propios por ingenieros colombianos.
 
El otro caso a mencionar es el del memorando de entendimiento entre por el gobierno de Santos y Microsoft.  Este fue suscrito a finales del año pasado y busca “la implementación de las TIC en los temas de ciberseguridad, educación e innovación”[6], lo que se traduce en que el gobierno trabajará con la multinacional estadounidense en temas de ciberseguridad, que se consolidará la enseñanza específica de software de Microsoft en ambientes educativos como el SENA, y con esto la dependencia; y que la “innovación” se focalizará hacia desarrollos tecnológicos que requieran software de esta empresa.
 
Finalmente cabe decir en este aspecto, que si bien no se sabe exactamente cuánto dinero anualmente gasta el Estado en licencias de software (que son en su mayoría a grandes multinacionales estadounidenses como Microsoft o Oracle), se puede estimar que es una cifra multimillonaria dado el tamaño del Estado y considerando solo por ejemplo los computadores para usos regular de los empleados públicos.
 
TECNOLOGÍA ESPACIAL
 
A nivel espacial el atraso y la dependencia tecnológica son también notoria. Colombia a diferencia de varios países de la región no tiene ningún satélite propio. Luego de muchos años de promesas y especulaciones, hace cerca de un mes el vicepresidente Germán Vargas Lleras confirmo que la compra que se iba a hacer de un satélite de observación se canceló[7]. Según cifras oficiales, en solo imágenes satelitales el Ministerio de Defensa gasta 6,5 millones de dólares por año, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi 3,5 millones, y otras entidades alrededor 1,5 millones. El gobierno Santos argumentó que “el país no está en la capacidad económica de realizar esta inversión” y que salía más barato seguir comprando las imágenes satelitales en vez de tener un satélite propio[8], desconociendo por supuesto todos los efectos positivos que tiene controlar un satélite propio y la eventual transferencia de tecnología que se puede producir si la adquisición se da en términos favorables para el país (como se ha hecho en otros países). Lo que nos deja una vez más atrás en términos de soberanía tecnológica y lejos incluso de países de la región como Argentina que ya incluso está desarrollando un lanzador espacial de fabricación propia[9].
 
ESPIONAJE DE TELECOMUNICACIONES
 
Merece una mención el caso de espionaje de la (Agencia Nacional de Seguridad) NSA de Estados Unidos. La bien sabida injerencia norteamericana en los asuntos nacionales, se ratificó una vez más con las revelaciones del año pasado en cuanto a que Colombia es un “blanco prioritario” del espionaje gringo de las comunicaciones en la región, el cual afectó hasta el Presidente de la República. Escandalosas revelaciones como estas ameritaron un fuerte pronunciamiento de gobiernos de la región como el brasilero, ecuatoriano o argentino, no obstante, la cancillería colombiana se limitó a decir que “registra con preocupación” esto y que “solicitará al Gobierno de los Estados Unidos de América, por intermedio de su embajador en Colombia, las explicaciones que correspondan”. Si no hay la voluntad política de rechazar contundentemente estas prácticas contra nuestra soberanía nacional, mucho menos la hay de incrementar desarrollos tecnológicos propios que minimicen los riesgos frente a estas prácticas.
 
TLC Y DEPENDENCIA TECNOLÓGICA 
 
La dependencia tecnológica del país se consolida con el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Esto se expresa no solo en normas leoninas como las famosas versiones de la “Ley Lleras” (la segunda se cayó gracias a una demanda del senador Robledo ante la Corte Constitucional). La soberanía tecnológica en una concepción amplia tiene que incluir el desarrollo cada vez mayor de contenidos digitales propios. Esto por supuesto se ve limitado por el incremento cada vez más desmesurado de las normas de derechos de autor como la mencionada ley, que limitan no solo la libertad de expresión sino la capacidad de crear nuevos contenidos. Esta ley fue un desarrollo de normas del capítulo XVI (Propiedad Intelectual) del TLC.
 
Así mismo, a través de diferentes cláusulas del tratado se limitan la capacidad del Estado para impulsar el desarrollo tecnológico propio.
 
HACIA UNA SOBERANÍA TECNOLÓGICA REGIONAL
 
Cabe destacar que si bien es importante que Colombia avance hacia una soberanía tecnológica nacional, dadas las características de muchas tecnologías, sería conveniente desde un punto de vista no solo técnico, sino social y político, avanzar hacia una soberanía tecnológica regional. Esto se traduce en avanzar en el marco de iniciativas regionales de integración, en desarrollos tecnológicos propios para nuestros países, que consulten nuestras condiciones y necesidades.
 
Desarrollos de infraestructura tecnológica propia (como redes de fibra óptica regional que eviten el paso de nuestros datos de internet por redes estadounidenses como sucede en la actualidad), desarrollos de software libre e incluso hardware libre, serían pasos efectivos no solo hacia la soberanía tecnológica sino hacia el desarrollo nacional y regional.
 
Lo que hizo Colombia en materia de Televisión digital Terrestre desafortunadamente no va en esa dirección. Fue el único país de Suramérica que decidió implementar el el estándar europeo en vez del estándar japones-brasilero que ha sido acogido por toda la región.
 
CONCLUSIÓN 
 
Lo que ha vivido Colombia luego de cerca de 25 años de neoliberalismo, es una perdida cada vez mayor de soberanía tecnológica. La Nación se hace cada vez más dependiente de tecnologías foráneas de las cuales somos meros consumidores, estamos retornando a la época colonial, totalmente importadores de manufacturas y productos de ciencia y tecnología y exportadores de materias primas. La soberanía es condición indispensable para el desarrollo. Con el neoliberalismo, y el TLC como su herramienta más aguda y reciente, será imposible avanzar efectivamente hacia la soberanía tecnológica. Por eso, para tomar el rumbo de la soberanía tecnológica, la primera tarea en Colombia es reversar las políticas neoliberales.
 
[1] Texto original “Sovereignty is one of the cornerstones for ensuring the security of the country and ensures that India as a nation can stand up to pressures from other nations. Sovereignty is critical to ensure our economic independence”.  http://egov.eletsonline.com/2012/12/technological-sovereignty/
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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