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Viernes, 21 Febrero 2014 16:15

Software Libre: activismo de sol a sol.

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En el panorama de la vida cotidiana y su rutina, existe para algunas personas, una forma de ver la vida en la que, por encima del debate y la construcción social colectiva, se opta por los placeres de la comodidad individual, la tranquilidad e indiferencia -estados que en último término, constituyen los síntomas de una falsa estabilidad personal, muchas veces premiada, otras veces socialmente rechazada-. En esta forma de vida, llama la atención igualmente, la manera en que la tecnología es articulada a modo de impulsor y afianzador de este modelo de escape: sistemas controlados remotamente, dispositivos que reducen tiempos en la ejecución de tareas, intercomunicación inmediata obviando el espacio y la movilidad, redes virtuales de entretenimiento, ocio, amor, entre otros.
 
Sin duda, esta falsa estabilidad fundada en un conjunto de factores asimilados, sumerge en una inmovilidad y letargo parcial del cual, muchas veces, no se quiere escapar, tal vez a causa del distanciamiento gradual -que este estilo de vida implica- respecto a la realidad como tejido de contradicciones, frustraciones y retos colectivos propios de la sociedad. Una de las características de esta forma de vida se evidencia cuando la sociedad exige retos colectivos (políticos, culturales, intelectuales) y quienes se refugian en ella esperan que otros diluciden y ejecuten, para luego tomar beneficios. Esta tendencia llega a tal punto que, incluso el ciudadano evita tener conocimiento de situaciones que podrían incitar a perturbar el "confort" o auto-neutralización social,  es decir, la ley del menor esfuerzo interiorizada como forma de vida.
 
Si  bien esta forma de existir afecta a un segmento considerable de una sociedad, preocupa particularmente la influencia en sectores sociales que utilizan, e incluso producen, tecnologías digitales libres; personas de las que se espera el planteamiento de un mundo diferente basado en la interacción, en la construcción colectiva como forma de reivindicación individual, en la búsqueda de libertades y derechos sociales tecnológicos. Con sorpresa, se descubre cómo el velo de este ostracismo ubica en el mismo lugar a miembros de divergentes modos de concebir la tecnología (libre vs privativa) igualándolos como simples productores de bienes modernos que se limitan a realizar sus labores profesionales, o de producción tecnológica sin indagar el por qué y el para qué de aquello. Es decir, un buen número de productores y consumidores de tecnologías digitales libres se dedica a producir lo que se demanda y a consumir lo que se oferta, pero nunca a pensar lo que se necesita. Un buen número de productores digitales libres supone que la libertad solo radica en el "saber hacer" y, con ello, en la búsqueda de adquirir -como finalidad individual- un lugar de reconocimiento diferenciado en la sociedad, ya sea bajo el reconocimiento de geek, desarrollador, hacker, etc.
 
Evidentemente, al status Quo, no le es llamativo que un productor y/o consumidor se tome veinte minutos de su hora de almuerzo para pensar en la tecnología como forma de construcción de riqueza y beneficio realmente social, pues obviamente, esto abriría la posibilidad -inicial- de que, dicho borrego social, pueda empezar a notar que las necesidades que se están satisfaciendo, a través del aparato de producción tecnológica, son necesidades inventadas o a lo sumo necesidades ajenas encaminadas, en todo caso, a no hacer felices a las personas en virtud de dar solución a sus necesidades acuciantes. Empezaría a notar que no es necesario tener la tecnología más moderna con funcionalidades sobrantes, que no es necesario el "blink tecnológico", pues entendería, que basta con tener tecnología modesta para hacer lo que se necesita. Igualmente empezaría a notar que no es necesario tener costosos equipos con grandes prestaciones; bastaría con un económico GNU+Linux de alto rendimiento para aportar socialmente. Así mismo, empezaría a notar que las comunidades indígenas, afro, campesinas que viven en zonas distantes de su mismo país, no necesitan que les garanticen el acceso a un televisor que además muestra realidades prestadas, o a un aislado computador sin acceso a Internet o que si tiene Internet es para amarrarse a emporios privativos como Microsoft live o Facebook; entendería más adelante, que ellos requieren de herramientas que no les endeuden, ni a ellos, ni al Estado, que en últimas, somos nosotros mismos, que es él mismo, que ellos requieren inversión que les permita comunicarse con sus comunidades pares, en su lengua, en sus maneras, para ser beneficiarios de formas tecnológicas que les permitan fortalecer su nivel de organización y, con ello, acercarse más a la solución de sus necesidades inmediatas. Por último, empezaría a notar que mientras ella o él produce software libre, tecnología usada por poderosas economías mundiales, su país de periferia sigue adquiriendo costoso software privativo que no necesita y lo subyuga, lo endeuda haciéndolo vulnerable social, económica y políticamente.
 
Este sujeto se daría cuenta también, que aún entendiendo estos aspectos, podría avanzar un poco más en identificar sobre los factores que impiden que esto deseado se haga posible, encontraría que la política, las leyes y la economía actual, de la que se distanció por un tiempo, tienen mucho que ver con ésta imposibilidad. Este sujeto se daría cuenta que para entender estos temas, no le basta con manuales de PHP, JavaScript, Python, etc, este sujeto identificaría que como ciudadano, debe entender los procesos sociales de su territorio, debe buscar, incansable, - como lo hizo en su entrenamiento técnico-  nuevas fuentes que le permitan hallar respuesta a sus nuevas preguntas. Este sujeto sentirá que llega la hora de levantarse de su computador, dejar de partir cráneos en WoW, dejar de hacer pervertida ingeniería social o tomarse una pausa en la aplicación que se está desarrollando, e ir y vincularse, organizarse, para proponer colectivamente nuevas ideas de país, de región, de cara a los centros de poder representados en las instituciones estatales y corporaciones privadas. Buscará luego, empoderar con su saber a más personas, pues a esa altura, ya habrá comprendido que la tecnología es también un eje de poder desde el cual se puede aportar a la solución de las complejas problemáticas sociales. Luego, esta persona, sabrá que los sueños no tienen límites cuando se construyen en compañía, será consciente de un nuevo proceso de vida, con visión: de geek chateador a actor social protagónico, de aislado gozador tecnológico a activista socio tecnológico, sabrá que nunca más esperará que otros construyan un país ajeno al de sus sueños, porque él ya  tomó confianza en sí mismo, con otros, porque él ya tiene muchas ideas para exponer, ya le perdió el miedo al público, a la gente.
 
Todos los activistas sufrimos este proceso de autotransformación, como diría Nietzsche, habrá que luchar contra el "tienes que hacer" "debes hacer" para luego ganar un "quiero ser". De éstas transformaciones personales está lleno el mundo del activismo social y tecnológico, de geeks que se reconocieron y transformaron como actores sociales con obligaciones políticas: Richard Stallman, Aaron Swartz, Eben Moglen, Barbara Thoens y cientos de activistas que en América Latina avanzan en procesos de democracia tecnológica, activistas de Brasil, Ecuador, Venezuela, Bogotá, Uruguay, Bolivia, activistas que han aportado a su país construyendo políticas públicas de soberanía tecnológica.  
 
Como partidarios del movimiento software-librista, debemos dejar a un lado la predisposición respecto a la participación política y distanciarnos críticamente de suponernos especiales, más audaces o inteligentes sólo por el sencillo hecho de programar en "algo". Esto, sin duda, no nos hace especiales socialmente. Desplegar, en el marco de las acciones democráticas, toda la capacidad colectiva necesaria para garantizar nuestro derecho a la autodeterminación tecnológica y los derechos digitales. Esto tal vez si haga la diferencia. Muchas personas pueden y deben hacer parte de este proceso. Muchos lo hemos hecho, poco a poco y siempre con la determinación de que la inteligencia no es un proceso individual, es un proceso que se construye en colectivo, en sociedad.
 
Al geek de extramuros, al aprendiz de mago hacker, al lector y gozador tecnológico, a ellos, a todas ellas:  hay un mundo por experimentar más allá de las fronteras del confort tecnológico. Un buen geek, un buen hacker, siempre se sabe inconforme, siempre sabe que habrá más, mucho más por hacer, mucho más por ser. Actívate, organízate, aquí estamos y aquí seguimos.
 
Edición : Cecilia Vega S
Read 6564 times Last modified on Martes, 25 Marzo 2014 23:47
Christian Ortega

Christian Enrique Ortega Loaiza
Ingeniería de sistemas
Universidad Distrital Francisco José de Caldas
Activista Tecnopolítico Fundación Casa del Bosque
 

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